Nos llegó una cuenta con el objetivo claro: vender más. Buen presupuesto, buena creatividad, todo prolijo en la superficie.
El problema estaba en un lugar que nadie había mirado: cómo se repartía la inversión entre plataformas.
La mayor parte del presupuesto estaba en el canal que menos vendía. El canal que mejor convertía —el que generaba ventas a menor costo— tenía la porción más chica.
No era un problema de creatividad, ni de segmentación, ni de presupuesto total. Era una decisión de distribución que se había tomado en algún momento y nunca se había vuelto a revisar con los datos actualizados. Pasa más seguido de lo que parece: una cuenta arranca con un reparto de presupuesto que tuvo sentido en su momento, y ese reparto queda "piloteado" mientras el resto de la cuenta sigue creciendo.
Redistribuimos la inversión siguiendo lo que los números venían mostrando hace meses. Las ventas subieron sin necesidad de invertir un peso más. Solo hacía falta ponerlo del lado correcto.
A veces optimizar no es gastar más. Es animarse a mover la plata a donde los datos siempre dijeron que tenía que estar.
Bronco.